domingo, 22 de abril de 2012

Deleitosos aromas.

Deleitosos aromas divinos


Ángeles González Gamio

No deja de sorprendernos la portentosa ciudad que se encuentra en el subsuelo. Nuevamente el Templo Mayor nos revela hallazgos que confirman, en este caso, la importancia que tenía en México-Tenochtitlan el ofrecimiento de aromas a los dioses y el papel central que desempeñaba en los rituales.



Acabamos de visitar en el Museo del Templo Mayor la exposición “Humo aromático para los dioses: una ofrenda de sahumadores al pie del Templo Mayor de Tenochtitlan”. Nos muestra 31 sahumadores que conformaban una ofrenda que fue hallada al pie del venerado templo, a casi siete metros de profundidad. Se encontraban fragmentados, algunos con restos de copal, de una antigüedad que corresponde al gobierno del tlatoani Moctezuma I. El hallazgo lo hizo el arqueólogo Leonardo López Luján, quien dirige con entusiasmo y entrega la exploración de lo que fue la antigua ciudad de Tenochtitlan. Son frutos que continúa dando el Programa de Arqueología Urbana (PAU) que creó el ilustre arqueólogo Eduardo Matos, como resultado de las excavaciones del Templo Mayor que llevó a cabo hace 30 años. Se vio que había tantos tesoros todavía por descubrir que se decidió crear el PAU, para que permanentemente se estuviera estudiando el área. Y no se equivocó, los hallazgos han sido múltiples, muchos de ellos de enorme valor histórico y artístico y... lo que falta.



Volviendo a la exposición, además de los sahumadores se exponen instrumentos sacerdotales, como púas de maguey y punzones de hueso, que eran utilizados para el autosacrificio. También se muestran pequeños guajes que servían para contener tabaco en polvo que era usado como estupefaciente durante ciertas ceremonias.



La ofrenda estaba en el sitio en donde se encontró hace alrededor de un lustro a Tlaltecuhtli, el dios-diosa de la tierra, en su advocación femenina, colocada al pie de la escalinata del Templo Mayor. El inmenso monolito de 4 por 3.57 metros, el más grande de la cultura mexica recuperado hasta ahora, del que hablamos en su momento, se puede admirar con sus colores originales, en el vestíbulo del museo. Aquí a un lado se encuentra también la muestra de los sahumadores, así es que con una visita, como dice el dicho, “mata dos pájaros de un tiro”.

López Luján explica acerca de los sahumadores que: “son objetos utilizados por la sociedad mexica para purificar, con las emanaciones aromáticas del copal, lugares sagrados como templos, adoratorios y arroyos, así como imágenes de los dioses y a personas que asistían a las ceremonias religiosas”. Sin duda debe haber sido muy emocionante asistir a esos actos, en los que además se solía bailar y cantar, rodeados del deleitoso aroma del copal.



Dos cuestiones me maravillan: una, la notable habilidad de los restauradores mexicanos. La exposición muestra el estado de fragmentación en que se encontraban los sahumadores y el delicado proceso de restauración, que nos permite verlos recuperados con su forma y colorido originales. La otra: advertir como continúa viva en muchos grupos indígenas, la costumbre de aromatizar con copal diferentes ceremonias religiosas y ciertos rituales como limpias y otros.



Acerca de la restauración hay que señalar que es producto de un notable trabajo interdisciplinario entre arqueólogos, restauradores, geólogos, químicos y biólogos, que con esmero se dedicaron a reconstruir la manufactura, el diseño, uso y simbolismo de los objetos.



Y ya tendrán hambre; el día está tequilero, medio nublado, como que va a llover, por lo que les sugiero que vayamos aquí a la vuelta, a la esquina de Argentina y Luis González Obregón, a la cantina Salón España. Ofrece 156 marcas de tequila y todos los días cambia la botana de cuatro apetitosos platillos. Hoy me tocó caldo de almeja, ensalada de nopales, tortitas de carne en salsa verde y tlacoyos. Los viernes hay chamorros. También hay ricas tortas y tiene la ventaja de que abre los domingos en que la mayoría de las cantinas cierran

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